martes, 1 de enero de 2013

Decepción


Y este esbozo es apenas un incauto latido,
un enjaulado grito
que irradia las lunas de la transgresión.
Siempre se acaba cubriendo
las amontadas ganas seculares
en capas de furia de invierno
que esconde sus colmillos,
paños fríos y ríos
en la desilusión.
La maltratada noche que incendias
vuela por los pórticos,
desierta de venas
de esas que encadenaste
a nuestros pies descalzos de hábito y sentido.
Devuelve la cara,
levanta telones de historias
jamás dichas,
puebla las amargas hora
por la sinrazón que te azota,
vuelca esos alientos
sobre el puente que une
los poemas de nuestro
oprobioso mito bicéfalo.
Desde que comenzaste a desenroscar
besos cóncavos
se le pusieron a mis cirróticos versos
las rimas en amarillo.
El único delito que cometí
fue no tener tino y
columpiarme hasta marear
la motivación de los motivos.
Pero la sangre no hizo pie en el río
sino hélice en el humo.
Ahora soy un fugitivo
protagonista de un narco recorrido.
Las historias que no pasarán
a la historia
son esas que al estómago sonrojan
con inquietas cosquillas que azotan
y restriegan
tirando por la borda
los días de vino y rosas.
Ya son demasiados septiembres
entre los dientes,
demasiados fracasos en las sienes
fundidos alicates,
desengaños que intentaron
cruzar ajados aeropuertos inaccesibles.
Lapidar el pasado
es jugar con fuego,
con gasolina rociada en las manos.
Suminístrame un pico y una pala
que duren
la eternidad de un suspiro
Mas luego...
dame tiempo para que pueda ser
alguna vez
yo misma sin precipicio.


decepción

domingo, 5 de agosto de 2012

Simónides

Simónides


Obra de  Vasili Kandinsky
Simónides:
La pintura es una poesía muda y la poesía es una pintura que habla.




Hacia el siglo diecinueve, un pintor olvidado,
con vívidos colores, de estirpe florentina,
pintó La Adoración de los Santos Reyes Magos,
entre mitológicas Venus, carne divina.

¡Galo desfalleciente!, tesoro de Pergamo,
réplica de arte griego esculpe la victoria
de Roma renaciente, sobre el imperio Galo.
¡Cómo engaña el artista! Improvisa la Historia.


Enfrentando al tirano, hace creer que es en vano
desgranar viejas letras de imprudentes aristas,
La íntima belleza que emana de los trazos,
esconde la simpleza de verdades sofistas.


El arte es poesía. Van juntos de la mano,
los galos tan franceses y un gallito italiano
desnudo y confidente, apoya en muslo izquierdo
la derrota del alma. El fin del ser humano.

sábado, 7 de abril de 2012

Nada es definitivo, excepto la muerte.

I

Nuestra existencia es: un mito contradictorio,
un gusto compartido donde el tiempo es el centro,
un jardín de nogales, y algún feliz encuentro,
un susto sin sentido, un ruido de abalorio.

Una tarde perdida en desierto dormitorio,
engreimientos vanos  del vino del borracho,
una luz sin medida con  gloria de  muchacho,
una tibieza inédita, un saber ilusorio.

Respiros genuinos, religiones sustitutas,
un callejón sin salida, ensueños de la moda
con demencia senil,  lecciones de tortura.

Gobiernos contagiosos, los pechos de las putas,
Países y fronteras, un vestido de bodas,
las pizzas adobadas y la Pasión impura.

                                II-

Nuestra existencia, ataca, presume, se defiende,
procura golosinas, promete maravillas
en palabras escritas con ripio y banderillas
avergüenza a los necios, y a veces, los enciende.


El  gris hilo  delgado donde la vida pende
parece un tronco grueso que tributa semillas
al hombre y su fanfarria  de harenes de costillas
que inventan la injusticia que mata y nos ofende.


Y así vamos llegando, medianamente a viejos,
soñando con las griegas leyendas y contritos,
floridos o eclipsados detrás de los espejos,


metidos en la  jaula que nos burla a  los gritos,
volando hacia la nada, tan cerca y tan lejos
nos aguarda el Dios-Eros,  igual que a los monitos.







Nada es definitivo, excepto la muerte.

sábado, 29 de octubre de 2011

Pesadumbre: el gato negro

Si yo antes de nacer fui un gato negro

y después de parir: un pez marino;

si nadie me salvó en la encrucijada

en el puerto del mar de mi suicidio;


si el viento pudo ser lo que sería

y el rayo torbellino del desierto

eléctrico y fatal de mi presencia,

pues Plauto supo ver al lobo oculto

en la fiereza humana de los muertos.


Si cenizas volcánicas propalan

la fruición de herejía donde yazgo;

si las furias son mástiles ingrávidos

y el dogma fiel espectro de los tiempos;

si la Tierra es la cuna del extraño

que llega de otros mundos

y nadie reconoce una batalla

en la ardua desmesura del silencio.

Si heraldo y mensajero se confunden.



Si nadie toca el timbre de tu tacto

si espesa es la tragedia del viajero

y nunca se acobarda el sentimiento,

si vuelvo, si no voy, si habré llegado,

si pierdo, si no estoy, si me han marcado,

la propia humanidad

del alma recogida

en la pátina cérea y desmembrada

-que acaba como el sol echando chispas-

es una sensación inveterada

en donde la intuición se vuelve mecha

de cierta inteligencia, que exacerban

-en superlativo grado, vena u horizonte-,


la mentira, el amor, la complacencia,

y no acierta al horror de su cesura

al corte del cuchillo que amenaza

la incierta percepción del infortunio.



Si no entienden mi verso, si lo alaban,

si el cristal no es tan frágil ni tan ciego,



si finjo, si ofendí, si hube pecado,

si la magia es la ciencia de los pobres

y el capricho perturba en las mañanas,

encuéntrenme en la paz de la corteza

del árbol que da caldo con su savia,

del hielo que desgarra cordilleras,

de el luctuoso llanto y la esmeralda



que pagué como súbdita al prelado

y en este testamento se legisla,

para acierto y pasión de mi denuncia

contra la inútil vida que tenemos

contra la inútil muerte que gozamos.

Anónimos

Los mejores poemas son anónimos.
Las mejores ideas son anónimas.
Las mejores personas son anónimas.
Anónimo es el nombre de Dios Padre.

Lo anónimo no es lo innominado
Ni siquiera
es lo que falta por nombrarse.
Lo anónimo es el pueblo y su mansalva:
la herencia de una raza poderosa
que supo distinguir pimpollo y rosa
sin ver y sin ser visto entre las pulgas.
Porque nada
es lo puede ser pasado
si el tiempo es quien transforma la materia
y la rueda el motor de largo alcance
que quiso arar la tierra con su fuerza,
con su apodo de diosa femenina.

Rueda que rueda la rueda, la rueda
redonda del ferrocarril.


Anónimos son miles de millones,
que pasan, pasarán y habrán pasado
en juegos de palabras,
cultos, cuerdos, audaces, inocentes,
locos por descorchar el vino añejo,
dejando su migaja entre las huellas,
malgastando fortunas en sepulcros,
a la vista de un Sol que se enrojece
de saber que no aprenden los notables
con nombre y apellido en bibliotecas
en busca de una gloria
fugaz y pasajera.
Anónimo es el nombre de la primera madre
y la última nodriza.

lunes, 2 de agosto de 2010

Contraluces

Mil miradas te escudriñan
cuando está despierto el demonio que habita en tu cuerpo
con su apariencia de ciervo penoso
y su piel de Belcebú avejentada.
Mil labios murmuran
porque tu corazón esconde cualidad de guerrero medieval.
- De todo padeció- dicen.
- Es más sagaz que un lince- y te maldicen.
- Ella es su víctima- gruñen.
Te muestras tan impávido como intransigente.
Desproporcionadamente turbio
vives cerca de las nubes,
como en una película porno australiana,
cuando viajas cada noche
a iluminar mi habitación con tu contracolor ruinoso
sin dispensa papal de santo matrimonio.
Flácido como eres,
apareces brutal y verdugo
asesino serial y demacrado,
que va paseando su esqueleto
desnudo y sibilino
en horarios impropios de la madrugada,
entre sombras crispadas en cama ajena,
harto de ser
un gratuito carroñero fortuito,
usurero de crimen y castigo,
o un león zahareño,
hastiado de andar ahíto de tinieblas.

Pero al verte en faena,
tembloroso,
con tus 60 años a cuestas,
chorreando tinta negra de tus cabellos blancos,
me dan calosfríos.
Resfríos conyugales.
Disimulo el asco
a mis 22 recién cumplidos,
dulce y bonita
yo, la niña decente,
la redentora,
la de los senos erectos y juveniles
que parecen desconocer la turgencia
de haber sido amados por el hombre;
yo, la luz de tus ojos,
limpio tus vómitos de borracho,
seco tus babas de fétida saliva
y conteniendo la respiración
me inclino de rodillas ante tu abultada billetera.

-La he engañado- piensas.
Sonríes con lascivia
y gozas mi vida de muchacha
a expensas de un simulado peregrinaje
en la imprudente hora del amanecer
en la que concibo virginalmente
un vástago tuyo,
lo que es admirable desde todo punto de vista,
un pequeño monstruo igual a ti
convulso e impotente,
mientras cruzo la línea blanca que consumo obligada,
en tanto nos aleja del espacio real,
y pides perdón a Eros por mi ingenuo pecado
de ambición en el tiempo presente
donde los deseos se me figuran cumplidos,
porque no habrá más futuro que tu herencia:
en cuanto consiga el certificado de casamiento
no hará falta que repita el vía crucis.

Beso tu húmedo prepucio
con profesionalidad aséptica,
Abandono el nido como una garza real
radiante, esplendorosa.
Y cuando te vas,
arrojo las sábanas al piso
en un cuarto donde la cucaracha más pequeña
es más grande que uno de los botones
de tu sobretodo de Escribano.

jueves, 29 de julio de 2010

Mis oídos

MIS OÍDOS.

















A Salvador Dalí.
Mujer en la ventana.







I-
Mis oídos
se preservan
cuando
escucho las sirenas
que silban en la noche.

He cerrado las ventanas,
las cortinas
no reflejan la luz del plenilunio.

Los cobardes silencios
están preñados
en la dulce espera.

Los paréntesis
se han hecho acústica,
para cumplirlos.

¿A quien molesta mi canto?

Nadie gana en los contrarios,
Todos perdemos en la contingencia.

Hay quien elige cambiar sus geografías
hacia un paisaje execrable.