Mil miradas te escudriñan
cuando está despierto el demonio que habita en tu cuerpo
con su apariencia de ciervo penoso
y su piel de Belcebú avejentada.
Mil labios murmuran
porque tu corazón esconde cualidad de guerrero medieval.
- De todo padeció- dicen.
- Es más sagaz que un lince- y te maldicen.
- Ella es su víctima- gruñen.
Te muestras tan impávido como intransigente.
Desproporcionadamente turbio
vives cerca de las nubes,
como en una película porno australiana,
cuando viajas cada noche
a iluminar mi habitación con tu contracolor ruinoso
sin dispensa papal de santo matrimonio.
Flácido como eres,
apareces brutal y verdugo
asesino serial y demacrado,
que va paseando su esqueleto
desnudo y sibilino
en horarios impropios de la madrugada,
entre sombras crispadas en cama ajena,
harto de ser
un gratuito carroñero fortuito,
usurero de crimen y castigo,
o un león zahareño,
hastiado de andar ahíto de tinieblas.
Pero al verte en faena,
tembloroso,
con tus 60 años a cuestas,
chorreando tinta negra de tus cabellos blancos,
me dan calosfríos.
Resfríos conyugales.
Disimulo el asco
a mis 22 recién cumplidos,
dulce y bonita
yo, la niña decente,
la redentora,
la de los senos erectos y juveniles
que parecen desconocer la turgencia
de haber sido amados por el hombre;
yo, la luz de tus ojos,
limpio tus vómitos de borracho,
seco tus babas de fétida saliva
y conteniendo la respiración
me inclino de rodillas ante tu abultada billetera.
-La he engañado- piensas.
Sonríes con lascivia
y gozas mi vida de muchacha
a expensas de un simulado peregrinaje
en la imprudente hora del amanecer
en la que concibo virginalmente
un vástago tuyo,
lo que es admirable desde todo punto de vista,
un pequeño monstruo igual a ti
convulso e impotente,
mientras cruzo la línea blanca que consumo obligada,
en tanto nos aleja del espacio real,
y pides perdón a Eros por mi ingenuo pecado
de ambición en el tiempo presente
donde los deseos se me figuran cumplidos,
porque no habrá más futuro que tu herencia:
en cuanto consiga el certificado de casamiento
no hará falta que repita el vía crucis.
Beso tu húmedo prepucio
con profesionalidad aséptica,
Abandono el nido como una garza real
radiante, esplendorosa.
Y cuando te vas,
arrojo las sábanas al piso
en un cuarto donde la cucaracha más pequeña
es más grande que uno de los botones
de tu sobretodo de Escribano.
lunes, 2 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Mis oídos
MIS OÍDOS.
A Salvador Dalí.
Mujer en la ventana.
I-
Mis oídos
se preservan
cuando
escucho las sirenas
que silban en la noche.
He cerrado las ventanas,
las cortinas
no reflejan la luz del plenilunio.
Los cobardes silencios
están preñados
en la dulce espera.
Los paréntesis
se han hecho acústica,
para cumplirlos.
¿A quien molesta mi canto?
Nadie gana en los contrarios,
Todos perdemos en la contingencia.
Hay quien elige cambiar sus geografías
hacia un paisaje execrable.
A Salvador Dalí.
Mujer en la ventana.
I-
Mis oídos
se preservan
cuando
escucho las sirenas
que silban en la noche.
He cerrado las ventanas,
las cortinas
no reflejan la luz del plenilunio.
Los cobardes silencios
están preñados
en la dulce espera.
Los paréntesis
se han hecho acústica,
para cumplirlos.
¿A quien molesta mi canto?
Nadie gana en los contrarios,
Todos perdemos en la contingencia.
Hay quien elige cambiar sus geografías
hacia un paisaje execrable.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Un poema sin Dios.
Publidaco domingo 18 de enero de 2009 en el blog ENFUNDÁ LA MANDOLINA de la comunidad de El País.
Un poema sin Dios ¿A qué no arrastras a los mortales corazones, impía sed del oro?
Virgilio.
Israel, violenta y anárquica en la fe
es un poema sin Dios.
Gaza (agazapada) en su venganza de intifadas
es un poema sin Dios.
Uganda, bajo holocaustos de guerrilla indiferente
es un poema sin Dios.
La muerte estalla en las comisuras
de un terror impiadoso, incandescente:
Los infiernos tiranos que van a dar a la mar.
La tierra prometida sin promesas.
¿Dónde nos será dado encontrar la paz
si cada día se apaga,
en una suerte de música de orquesta interrumpida,
el sonido de millares de plegarias,
templadas al calor de vanas oraciones de poetas
que han cruzado información silenciosa
con hormigas y búhos en secreto?
Mis colegas
reemplazarán con falso pudor
la voz del escenario;
tal sacrílegos heraldos nihilistas
ornarán sus liras acaudaladas
con encargos de génesis de castas.
Herejes por opción de conveniencia
del rey de monarquías nauseabundas
cantarán su dolor como juglares
amancebados a la rancia nobleza de una estirpe;
abrumando con ayes de apariencias mentidas
la sanguina del mundo
irán timando
la inocente mirada del no nato
campeón de mediaciones macedónicas.
Supongo, en forma retroactiva,
sin permiso en el disenso,
que saben que matar es un pecado.
Supongo, que no importa,
que obedecen
a una sed insalvable y decadente,
bruno afán peligroso de altas cumbres,
del dictado de ángeles caídos.
Supongo,
¿cómo he de decirlo sin iracundia?
…que su hastío les demanda
emergencia de fama y de conquista,
un éxito de henchidas billeteras
que los prevenga del frío del invierno.
A esos jueces penales los declaro culpables.
Culpables de omisión y abatimiento.
Culpables de callar lo que aún ignoran.
Culpables de saber lo que han prohibido.
Culpables de sembrar adivinanza
en la cruda certeza de los ritos.
Culpables de los duelos, de las bombas,
Culpables del resumen
de misterios ateos, indigentes,
bajo llave.
Culpables por la rabia a toda vela
que embiste
en la hecatombe de sábados calientes
(de furia matan las perras).
Culpables de la Muerte que fue Vida.
Culpables
de arrollar con sus potros caballares
y sus cábalas de tonto jeroglífico
la mansa incertidumbre de los santos.
Un poema sin Dios ¿A qué no arrastras a los mortales corazones, impía sed del oro?
Virgilio.
Israel, violenta y anárquica en la fe
es un poema sin Dios.
Gaza (agazapada) en su venganza de intifadas
es un poema sin Dios.
Uganda, bajo holocaustos de guerrilla indiferente
es un poema sin Dios.
La muerte estalla en las comisuras
de un terror impiadoso, incandescente:
Los infiernos tiranos que van a dar a la mar.
La tierra prometida sin promesas.
¿Dónde nos será dado encontrar la paz
si cada día se apaga,
en una suerte de música de orquesta interrumpida,
el sonido de millares de plegarias,
templadas al calor de vanas oraciones de poetas
que han cruzado información silenciosa
con hormigas y búhos en secreto?
Mis colegas
reemplazarán con falso pudor
la voz del escenario;
tal sacrílegos heraldos nihilistas
ornarán sus liras acaudaladas
con encargos de génesis de castas.
Herejes por opción de conveniencia
del rey de monarquías nauseabundas
cantarán su dolor como juglares
amancebados a la rancia nobleza de una estirpe;
abrumando con ayes de apariencias mentidas
la sanguina del mundo
irán timando
la inocente mirada del no nato
campeón de mediaciones macedónicas.
Supongo, en forma retroactiva,
sin permiso en el disenso,
que saben que matar es un pecado.
Supongo, que no importa,
que obedecen
a una sed insalvable y decadente,
bruno afán peligroso de altas cumbres,
del dictado de ángeles caídos.
Supongo,
¿cómo he de decirlo sin iracundia?
…que su hastío les demanda
emergencia de fama y de conquista,
un éxito de henchidas billeteras
que los prevenga del frío del invierno.
A esos jueces penales los declaro culpables.
Culpables de omisión y abatimiento.
Culpables de callar lo que aún ignoran.
Culpables de saber lo que han prohibido.
Culpables de sembrar adivinanza
en la cruda certeza de los ritos.
Culpables de los duelos, de las bombas,
Culpables del resumen
de misterios ateos, indigentes,
bajo llave.
Culpables por la rabia a toda vela
que embiste
en la hecatombe de sábados calientes
(de furia matan las perras).
Culpables de la Muerte que fue Vida.
Culpables
de arrollar con sus potros caballares
y sus cábalas de tonto jeroglífico
la mansa incertidumbre de los santos.
viernes, 28 de agosto de 2009
La persistencia de la memoria
LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA.
La persistencia de la memoria.
Obra de Salvador Dalí.
Un toro masturba su inconsciente solitario.
La langosta vestida de Gala
besa su reloj chorreante de 7 menos cinco.
Dos ausentes presentes.
Duro y blando.
Las cucarachas de Port Lligat
lejos del mar de mujer de roca madura
veneran a los dioses de la lenta satisfacción.
Serán las únicas que los sobrevivan
cuando todo termine en calas,
después de la persistencia de la memoria.
La persistencia de la memoria.
Obra de Salvador Dalí.
Un toro masturba su inconsciente solitario.
La langosta vestida de Gala
besa su reloj chorreante de 7 menos cinco.
Dos ausentes presentes.
Duro y blando.
Las cucarachas de Port Lligat
lejos del mar de mujer de roca madura
veneran a los dioses de la lenta satisfacción.
Serán las únicas que los sobrevivan
cuando todo termine en calas,
después de la persistencia de la memoria.
jueves, 20 de agosto de 2009
Dulce sueño mío
DULCE SUEÑO MÍO
Todo se ha ido esfumando.
De repente ha pasado el mundo
en su carroza de espejismo,
el mundo que ha cegado nuestros ojos.
El cielo está ahora gris de nubes tormentosas.
El ruiseñor bosteza
y trece rosas rojas
duermen
el infinito ensueño
de la resurrección.
La luna aletarga esta noche
con su tibieza de ángeles.
Presiento el paraíso
como una despedida de solteros,
donde bailamos juntos
y embriagados
la milonga del rastro perdido,
hasta que la aurora remonte el vuelo
del torvo amanecer.
La quemadura del tiempo
deshabitado y baldío,
angustia a quienes no han podido
subrayar el estribillo
con cuchillo de plata.
Nos vamos, ruinoso sueño mío,
¡Las horas que gastamos
sacando punta al lápiz!
La bruma, atribulado sueño mío.
Las tinieblas, el caos, la linterna,
el estereotipo de las escaleras.
El cochero está batiendo palmas
La puerta, entreabierta,
No te alcanzo, perfumado sueño,
engañoso sueño,
la herrumbre de la aldaba,
el lagrimal herido, la cerradura rota
la zona escampada entre difuminados ocres,
las líneas paralelas, los relinchos lejanos.
Nos vamos,
dulce sueño mío.
Acaso
nos volveremos a ver
en un cruce de sórdidos andenes.
Todo se ha ido esfumando.
De repente ha pasado el mundo
en su carroza de espejismo,
el mundo que ha cegado nuestros ojos.
El cielo está ahora gris de nubes tormentosas.
El ruiseñor bosteza
y trece rosas rojas
duermen
el infinito ensueño
de la resurrección.
La luna aletarga esta noche
con su tibieza de ángeles.
Presiento el paraíso
como una despedida de solteros,
donde bailamos juntos
y embriagados
la milonga del rastro perdido,
hasta que la aurora remonte el vuelo
del torvo amanecer.
La quemadura del tiempo
deshabitado y baldío,
angustia a quienes no han podido
subrayar el estribillo
con cuchillo de plata.
Nos vamos, ruinoso sueño mío,
¡Las horas que gastamos
sacando punta al lápiz!
La bruma, atribulado sueño mío.
Las tinieblas, el caos, la linterna,
el estereotipo de las escaleras.
El cochero está batiendo palmas
La puerta, entreabierta,
No te alcanzo, perfumado sueño,
engañoso sueño,
la herrumbre de la aldaba,
el lagrimal herido, la cerradura rota
la zona escampada entre difuminados ocres,
las líneas paralelas, los relinchos lejanos.
Nos vamos,
dulce sueño mío.
Acaso
nos volveremos a ver
en un cruce de sórdidos andenes.
martes, 7 de julio de 2009
HOY AMANECÍ MUERTA
Hoy amanecí muerta.
Quiero decir, amanecí, me levanté, tomé café, empecé la rutina diaria, no como un zombi ni una aparición sino como una muerta.
A ver si puedo sonsacarle a ese sentimiento de vejación física palabras escrupulosamente descriptivas. No parece tarea sencilla.
Quiero decir muerta en el sentido de haber perdido mi vida anterior y tener la percepción de un inexistente futuro a la vista, como si volara sobre una capa transparente de Superman. Con esa liviandad que los filósofos llamarían alucinación no fenomenológica. Ausente del espacio terrenal me vi muerta desde afuera de mis ojos, igual que ves a un cadáver inerte pero al revés. Yo era ese cadáver del escenario. No sé si me explico. Mi cadáver me veía circular por el piso, desnuda por completo. Aclaro que no es la primera vez que me sucede algo tan estrambótico y fatal. Me pasa cada dos por tres, llueve.
No puedo tocarme y en el espejo no aparece reflejada sino una lamparilla del dormitorio que titila.
Descubro apostada una sombra, a través de la claridad de la puerta de entrada. Alguien intenta acceder a mi casa. ¿Un ladrón? Nada de eso. Una persona, que presumo que ha de ser bastante mayor, un jubilado tal vez, quiere dejar una publicidad callejera, uno de esos folletos que nunca leeremos. Un panfleto, vamos.
La sombra se detiene, se dibujan sus pies en el contraluz, y permanece unos segundos observando a través del agujero de la cerradura -esto es real- extasiado con la imagen de una mujer desnuda (siempre ando desnuda porque vivo sola), pero su ojo ignora que no hay ninguna mujer allí, porque esa mujer que era yo, almohadilla en estos momentos su cuerpo en un féretro, rodeada de un penetrante olor a flores.
Mis pies se alzan varios centímetros del suelo (prueba fehaciente de que sigo fallecida) mientras me deslizo por el escritorio del recibidor y al verme el de la sombra comienza a silbar del otro lado, hasta que se acobarda por unos golpes que se escuchan en la retaguardia, y se va con disimulo sin dejar el catálogo, a contar la anécdota por ahí ("esta mañana vi una mina en bolas flotando por su casa preparándose para escribir una carta"). El hombre no podía distinguir que esto no era una carta sino un obituario. Mi testamento y réquiem.
Santina R.E., muerta el 9 de enero del año en curso, fue hallada por familiares dos horas después de haber sido estrangulada en su cama por un desconocido. Se presume que el asesino era una persona allegada a su confianza, dado que las primeras pericias revelan que no existen señales de violencia por forcejeos ni se ha robado cosa alguna.
Ahora andarán buscando al pobre volantero de las sombras. Dos testigos lo advirtieron desde la calle de enfrente, agachado en el umbral, espiando hacia el interior. El señor declarará que eso ocurrió a las diez de la mañana, que me vio sin ropas ("ni bombacha llevaba puesta la víctima") y eso es estrictamente cierto, dijeron los vecinos que lo pispearon. Pero el atraco, según el informe, se perpetró entre las 6 y las 8, y a las 10 el cuerpo ya empezaba a ponerse rígido y a enfriarse.
Dejaron ir al sospechoso, mas el hombre lloraba. "No puede ser", gemía. "La vi viva a las diez". Yo lo consolaba. "Sí, querido, sí, eso fue a las diez, no te preocupes.
Ellos no saben que esta mañana me levanté muerta. No digas nada. Andá tranquilo, un abrazo. Gracias por despertarme de la pesadilla."
Quiero decir, amanecí, me levanté, tomé café, empecé la rutina diaria, no como un zombi ni una aparición sino como una muerta.
A ver si puedo sonsacarle a ese sentimiento de vejación física palabras escrupulosamente descriptivas. No parece tarea sencilla.
Quiero decir muerta en el sentido de haber perdido mi vida anterior y tener la percepción de un inexistente futuro a la vista, como si volara sobre una capa transparente de Superman. Con esa liviandad que los filósofos llamarían alucinación no fenomenológica. Ausente del espacio terrenal me vi muerta desde afuera de mis ojos, igual que ves a un cadáver inerte pero al revés. Yo era ese cadáver del escenario. No sé si me explico. Mi cadáver me veía circular por el piso, desnuda por completo. Aclaro que no es la primera vez que me sucede algo tan estrambótico y fatal. Me pasa cada dos por tres, llueve.
No puedo tocarme y en el espejo no aparece reflejada sino una lamparilla del dormitorio que titila.
Descubro apostada una sombra, a través de la claridad de la puerta de entrada. Alguien intenta acceder a mi casa. ¿Un ladrón? Nada de eso. Una persona, que presumo que ha de ser bastante mayor, un jubilado tal vez, quiere dejar una publicidad callejera, uno de esos folletos que nunca leeremos. Un panfleto, vamos.
La sombra se detiene, se dibujan sus pies en el contraluz, y permanece unos segundos observando a través del agujero de la cerradura -esto es real- extasiado con la imagen de una mujer desnuda (siempre ando desnuda porque vivo sola), pero su ojo ignora que no hay ninguna mujer allí, porque esa mujer que era yo, almohadilla en estos momentos su cuerpo en un féretro, rodeada de un penetrante olor a flores.
Mis pies se alzan varios centímetros del suelo (prueba fehaciente de que sigo fallecida) mientras me deslizo por el escritorio del recibidor y al verme el de la sombra comienza a silbar del otro lado, hasta que se acobarda por unos golpes que se escuchan en la retaguardia, y se va con disimulo sin dejar el catálogo, a contar la anécdota por ahí ("esta mañana vi una mina en bolas flotando por su casa preparándose para escribir una carta"). El hombre no podía distinguir que esto no era una carta sino un obituario. Mi testamento y réquiem.
Santina R.E., muerta el 9 de enero del año en curso, fue hallada por familiares dos horas después de haber sido estrangulada en su cama por un desconocido. Se presume que el asesino era una persona allegada a su confianza, dado que las primeras pericias revelan que no existen señales de violencia por forcejeos ni se ha robado cosa alguna.
Ahora andarán buscando al pobre volantero de las sombras. Dos testigos lo advirtieron desde la calle de enfrente, agachado en el umbral, espiando hacia el interior. El señor declarará que eso ocurrió a las diez de la mañana, que me vio sin ropas ("ni bombacha llevaba puesta la víctima") y eso es estrictamente cierto, dijeron los vecinos que lo pispearon. Pero el atraco, según el informe, se perpetró entre las 6 y las 8, y a las 10 el cuerpo ya empezaba a ponerse rígido y a enfriarse.
Dejaron ir al sospechoso, mas el hombre lloraba. "No puede ser", gemía. "La vi viva a las diez". Yo lo consolaba. "Sí, querido, sí, eso fue a las diez, no te preocupes.
Ellos no saben que esta mañana me levanté muerta. No digas nada. Andá tranquilo, un abrazo. Gracias por despertarme de la pesadilla."
Otra crónica de una muerte anunciada
OTRA CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA.
Hace frío aquí.
Abrumador frío de muerte.
Hay extraños vientos en la penumbra.
Las ventanas están cerradas.
Los portales no.
Jadean chirridos intermitentes
de ángeles caídos.
Puedo sentir tu respiración sofocante.
Fue un día duro para los decepcionados asesinos
de Rìo Cuarto o de Las Vegas.
Vivir es riesgo.
Morir es riesgo.
Lo interesante es descubrir porqué
y festejar en silencio.
Las huellas digitales se borran con el tiempo.
Las cicatrices se confunden con arrugas.
Ni Jesucristo en domingo.
Ni Judas por treinta dineros.
Apenas una canción.
Crudas palabras de un tedio intragable.
Letras deshechas
y un toque de queda.
Hace frío aquí.
Abrumador frío de muerte.
Hay extraños vientos en la penumbra.
Las ventanas están cerradas.
Los portales no.
Jadean chirridos intermitentes
de ángeles caídos.
Puedo sentir tu respiración sofocante.
Fue un día duro para los decepcionados asesinos
de Rìo Cuarto o de Las Vegas.
Vivir es riesgo.
Morir es riesgo.
Lo interesante es descubrir porqué
y festejar en silencio.
Las huellas digitales se borran con el tiempo.
Las cicatrices se confunden con arrugas.
Ni Jesucristo en domingo.
Ni Judas por treinta dineros.
Apenas una canción.
Crudas palabras de un tedio intragable.
Letras deshechas
y un toque de queda.
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