I
Nuestra existencia es: un mito contradictorio,
un gusto compartido donde el tiempo es el centro,
un jardín de nogales, y algún feliz encuentro,
un susto sin sentido, un ruido de abalorio.
Una tarde perdida en desierto dormitorio,
engreimientos vanos del vino del borracho,
una luz sin medida con gloria de muchacho,
una tibieza inédita, un saber ilusorio.
Respiros genuinos, religiones sustitutas,
un callejón sin salida, ensueños de la moda
con demencia senil, lecciones de tortura.
Gobiernos contagiosos, los pechos de las putas,
Países y fronteras, un vestido de bodas,
las pizzas adobadas y la Pasión impura.
II-
Nuestra existencia, ataca, presume, se defiende,
procura golosinas, promete maravillas
en palabras escritas con ripio y banderillas
avergüenza a los necios, y a veces, los enciende.
El gris hilo delgado donde la vida pende
parece un tronco grueso que tributa semillas
al hombre y su fanfarria de harenes de costillas
que inventan la injusticia que mata y nos ofende.
Y así vamos llegando, medianamente a viejos,
soñando con las griegas leyendas y contritos,
floridos o eclipsados detrás de los espejos,
metidos en la jaula que nos burla a los gritos,
volando hacia la nada, tan cerca y tan lejos
nos aguarda el Dios-Eros, igual que a los monitos.
Nada es definitivo, excepto la muerte.
sábado, 7 de abril de 2012
sábado, 29 de octubre de 2011
Pesadumbre: el gato negro
Si yo antes de nacer fui un gato negro
y después de parir: un pez marino;
si nadie me salvó en la encrucijada
en el puerto del mar de mi suicidio;
si el viento pudo ser lo que sería
y el rayo torbellino del desierto
eléctrico y fatal de mi presencia,
pues Plauto supo ver al lobo oculto
en la fiereza humana de los muertos.
Si cenizas volcánicas propalan
la fruición de herejía donde yazgo;
si las furias son mástiles ingrávidos
y el dogma fiel espectro de los tiempos;
si la Tierra es la cuna del extraño
que llega de otros mundos
y nadie reconoce una batalla
en la ardua desmesura del silencio.
Si heraldo y mensajero se confunden.
Si nadie toca el timbre de tu tacto
si espesa es la tragedia del viajero
y nunca se acobarda el sentimiento,
si vuelvo, si no voy, si habré llegado,
si pierdo, si no estoy, si me han marcado,
la propia humanidad
del alma recogida
en la pátina cérea y desmembrada
-que acaba como el sol echando chispas-
es una sensación inveterada
en donde la intuición se vuelve mecha
de cierta inteligencia, que exacerban
-en superlativo grado, vena u horizonte-,
la mentira, el amor, la complacencia,
y no acierta al horror de su cesura
al corte del cuchillo que amenaza
la incierta percepción del infortunio.
Si no entienden mi verso, si lo alaban,
si el cristal no es tan frágil ni tan ciego,
si finjo, si ofendí, si hube pecado,
si la magia es la ciencia de los pobres
y el capricho perturba en las mañanas,
encuéntrenme en la paz de la corteza
del árbol que da caldo con su savia,
del hielo que desgarra cordilleras,
de el luctuoso llanto y la esmeralda
que pagué como súbdita al prelado
y en este testamento se legisla,
para acierto y pasión de mi denuncia
contra la inútil vida que tenemos
contra la inútil muerte que gozamos.
y después de parir: un pez marino;
si nadie me salvó en la encrucijada
en el puerto del mar de mi suicidio;
si el viento pudo ser lo que sería
y el rayo torbellino del desierto
eléctrico y fatal de mi presencia,
pues Plauto supo ver al lobo oculto
en la fiereza humana de los muertos.
Si cenizas volcánicas propalan
la fruición de herejía donde yazgo;
si las furias son mástiles ingrávidos
y el dogma fiel espectro de los tiempos;
si la Tierra es la cuna del extraño
que llega de otros mundos
y nadie reconoce una batalla
en la ardua desmesura del silencio.
Si heraldo y mensajero se confunden.
Si nadie toca el timbre de tu tacto
si espesa es la tragedia del viajero
y nunca se acobarda el sentimiento,
si vuelvo, si no voy, si habré llegado,
si pierdo, si no estoy, si me han marcado,
la propia humanidad
del alma recogida
en la pátina cérea y desmembrada
-que acaba como el sol echando chispas-
es una sensación inveterada
en donde la intuición se vuelve mecha
de cierta inteligencia, que exacerban
-en superlativo grado, vena u horizonte-,
la mentira, el amor, la complacencia,
y no acierta al horror de su cesura
al corte del cuchillo que amenaza
la incierta percepción del infortunio.
Si no entienden mi verso, si lo alaban,
si el cristal no es tan frágil ni tan ciego,
si finjo, si ofendí, si hube pecado,
si la magia es la ciencia de los pobres
y el capricho perturba en las mañanas,
encuéntrenme en la paz de la corteza
del árbol que da caldo con su savia,
del hielo que desgarra cordilleras,
de el luctuoso llanto y la esmeralda
que pagué como súbdita al prelado
y en este testamento se legisla,
para acierto y pasión de mi denuncia
contra la inútil vida que tenemos
contra la inútil muerte que gozamos.
Anónimos
Los mejores poemas son anónimos.
Las mejores ideas son anónimas.
Las mejores personas son anónimas.
Anónimo es el nombre de Dios Padre.
Lo anónimo no es lo innominado
Ni siquiera
es lo que falta por nombrarse.
Lo anónimo es el pueblo y su mansalva:
la herencia de una raza poderosa
que supo distinguir pimpollo y rosa
sin ver y sin ser visto entre las pulgas.
Porque nada
es lo puede ser pasado
si el tiempo es quien transforma la materia
y la rueda el motor de largo alcance
que quiso arar la tierra con su fuerza,
con su apodo de diosa femenina.
Rueda que rueda la rueda, la rueda
redonda del ferrocarril.
Anónimos son miles de millones,
que pasan, pasarán y habrán pasado
en juegos de palabras,
cultos, cuerdos, audaces, inocentes,
locos por descorchar el vino añejo,
dejando su migaja entre las huellas,
malgastando fortunas en sepulcros,
a la vista de un Sol que se enrojece
de saber que no aprenden los notables
con nombre y apellido en bibliotecas
en busca de una gloria
fugaz y pasajera.
Anónimo es el nombre de la primera madre
y la última nodriza.
Las mejores ideas son anónimas.
Las mejores personas son anónimas.
Anónimo es el nombre de Dios Padre.
Lo anónimo no es lo innominado
Ni siquiera
es lo que falta por nombrarse.
Lo anónimo es el pueblo y su mansalva:
la herencia de una raza poderosa
que supo distinguir pimpollo y rosa
sin ver y sin ser visto entre las pulgas.
Porque nada
es lo puede ser pasado
si el tiempo es quien transforma la materia
y la rueda el motor de largo alcance
que quiso arar la tierra con su fuerza,
con su apodo de diosa femenina.
Rueda que rueda la rueda, la rueda
redonda del ferrocarril.
Anónimos son miles de millones,
que pasan, pasarán y habrán pasado
en juegos de palabras,
cultos, cuerdos, audaces, inocentes,
locos por descorchar el vino añejo,
dejando su migaja entre las huellas,
malgastando fortunas en sepulcros,
a la vista de un Sol que se enrojece
de saber que no aprenden los notables
con nombre y apellido en bibliotecas
en busca de una gloria
fugaz y pasajera.
Anónimo es el nombre de la primera madre
y la última nodriza.
lunes, 2 de agosto de 2010
Contraluces
Mil miradas te escudriñan
cuando está despierto el demonio que habita en tu cuerpo
con su apariencia de ciervo penoso
y su piel de Belcebú avejentada.
Mil labios murmuran
porque tu corazón esconde cualidad de guerrero medieval.
- De todo padeció- dicen.
- Es más sagaz que un lince- y te maldicen.
- Ella es su víctima- gruñen.
Te muestras tan impávido como intransigente.
Desproporcionadamente turbio
vives cerca de las nubes,
como en una película porno australiana,
cuando viajas cada noche
a iluminar mi habitación con tu contracolor ruinoso
sin dispensa papal de santo matrimonio.
Flácido como eres,
apareces brutal y verdugo
asesino serial y demacrado,
que va paseando su esqueleto
desnudo y sibilino
en horarios impropios de la madrugada,
entre sombras crispadas en cama ajena,
harto de ser
un gratuito carroñero fortuito,
usurero de crimen y castigo,
o un león zahareño,
hastiado de andar ahíto de tinieblas.
Pero al verte en faena,
tembloroso,
con tus 60 años a cuestas,
chorreando tinta negra de tus cabellos blancos,
me dan calosfríos.
Resfríos conyugales.
Disimulo el asco
a mis 22 recién cumplidos,
dulce y bonita
yo, la niña decente,
la redentora,
la de los senos erectos y juveniles
que parecen desconocer la turgencia
de haber sido amados por el hombre;
yo, la luz de tus ojos,
limpio tus vómitos de borracho,
seco tus babas de fétida saliva
y conteniendo la respiración
me inclino de rodillas ante tu abultada billetera.
-La he engañado- piensas.
Sonríes con lascivia
y gozas mi vida de muchacha
a expensas de un simulado peregrinaje
en la imprudente hora del amanecer
en la que concibo virginalmente
un vástago tuyo,
lo que es admirable desde todo punto de vista,
un pequeño monstruo igual a ti
convulso e impotente,
mientras cruzo la línea blanca que consumo obligada,
en tanto nos aleja del espacio real,
y pides perdón a Eros por mi ingenuo pecado
de ambición en el tiempo presente
donde los deseos se me figuran cumplidos,
porque no habrá más futuro que tu herencia:
en cuanto consiga el certificado de casamiento
no hará falta que repita el vía crucis.
Beso tu húmedo prepucio
con profesionalidad aséptica,
Abandono el nido como una garza real
radiante, esplendorosa.
Y cuando te vas,
arrojo las sábanas al piso
en un cuarto donde la cucaracha más pequeña
es más grande que uno de los botones
de tu sobretodo de Escribano.
cuando está despierto el demonio que habita en tu cuerpo
con su apariencia de ciervo penoso
y su piel de Belcebú avejentada.
Mil labios murmuran
porque tu corazón esconde cualidad de guerrero medieval.
- De todo padeció- dicen.
- Es más sagaz que un lince- y te maldicen.
- Ella es su víctima- gruñen.
Te muestras tan impávido como intransigente.
Desproporcionadamente turbio
vives cerca de las nubes,
como en una película porno australiana,
cuando viajas cada noche
a iluminar mi habitación con tu contracolor ruinoso
sin dispensa papal de santo matrimonio.
Flácido como eres,
apareces brutal y verdugo
asesino serial y demacrado,
que va paseando su esqueleto
desnudo y sibilino
en horarios impropios de la madrugada,
entre sombras crispadas en cama ajena,
harto de ser
un gratuito carroñero fortuito,
usurero de crimen y castigo,
o un león zahareño,
hastiado de andar ahíto de tinieblas.
Pero al verte en faena,
tembloroso,
con tus 60 años a cuestas,
chorreando tinta negra de tus cabellos blancos,
me dan calosfríos.
Resfríos conyugales.
Disimulo el asco
a mis 22 recién cumplidos,
dulce y bonita
yo, la niña decente,
la redentora,
la de los senos erectos y juveniles
que parecen desconocer la turgencia
de haber sido amados por el hombre;
yo, la luz de tus ojos,
limpio tus vómitos de borracho,
seco tus babas de fétida saliva
y conteniendo la respiración
me inclino de rodillas ante tu abultada billetera.
-La he engañado- piensas.
Sonríes con lascivia
y gozas mi vida de muchacha
a expensas de un simulado peregrinaje
en la imprudente hora del amanecer
en la que concibo virginalmente
un vástago tuyo,
lo que es admirable desde todo punto de vista,
un pequeño monstruo igual a ti
convulso e impotente,
mientras cruzo la línea blanca que consumo obligada,
en tanto nos aleja del espacio real,
y pides perdón a Eros por mi ingenuo pecado
de ambición en el tiempo presente
donde los deseos se me figuran cumplidos,
porque no habrá más futuro que tu herencia:
en cuanto consiga el certificado de casamiento
no hará falta que repita el vía crucis.
Beso tu húmedo prepucio
con profesionalidad aséptica,
Abandono el nido como una garza real
radiante, esplendorosa.
Y cuando te vas,
arrojo las sábanas al piso
en un cuarto donde la cucaracha más pequeña
es más grande que uno de los botones
de tu sobretodo de Escribano.
jueves, 29 de julio de 2010
Mis oídos
MIS OÍDOS.
A Salvador Dalí.
Mujer en la ventana.
I-
Mis oídos
se preservan
cuando
escucho las sirenas
que silban en la noche.
He cerrado las ventanas,
las cortinas
no reflejan la luz del plenilunio.
Los cobardes silencios
están preñados
en la dulce espera.
Los paréntesis
se han hecho acústica,
para cumplirlos.
¿A quien molesta mi canto?
Nadie gana en los contrarios,
Todos perdemos en la contingencia.
Hay quien elige cambiar sus geografías
hacia un paisaje execrable.
A Salvador Dalí.
Mujer en la ventana.
I-
Mis oídos
se preservan
cuando
escucho las sirenas
que silban en la noche.
He cerrado las ventanas,
las cortinas
no reflejan la luz del plenilunio.
Los cobardes silencios
están preñados
en la dulce espera.
Los paréntesis
se han hecho acústica,
para cumplirlos.
¿A quien molesta mi canto?
Nadie gana en los contrarios,
Todos perdemos en la contingencia.
Hay quien elige cambiar sus geografías
hacia un paisaje execrable.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Un poema sin Dios.
Publidaco domingo 18 de enero de 2009 en el blog ENFUNDÁ LA MANDOLINA de la comunidad de El País.
Un poema sin Dios ¿A qué no arrastras a los mortales corazones, impía sed del oro?
Virgilio.
Israel, violenta y anárquica en la fe
es un poema sin Dios.
Gaza (agazapada) en su venganza de intifadas
es un poema sin Dios.
Uganda, bajo holocaustos de guerrilla indiferente
es un poema sin Dios.
La muerte estalla en las comisuras
de un terror impiadoso, incandescente:
Los infiernos tiranos que van a dar a la mar.
La tierra prometida sin promesas.
¿Dónde nos será dado encontrar la paz
si cada día se apaga,
en una suerte de música de orquesta interrumpida,
el sonido de millares de plegarias,
templadas al calor de vanas oraciones de poetas
que han cruzado información silenciosa
con hormigas y búhos en secreto?
Mis colegas
reemplazarán con falso pudor
la voz del escenario;
tal sacrílegos heraldos nihilistas
ornarán sus liras acaudaladas
con encargos de génesis de castas.
Herejes por opción de conveniencia
del rey de monarquías nauseabundas
cantarán su dolor como juglares
amancebados a la rancia nobleza de una estirpe;
abrumando con ayes de apariencias mentidas
la sanguina del mundo
irán timando
la inocente mirada del no nato
campeón de mediaciones macedónicas.
Supongo, en forma retroactiva,
sin permiso en el disenso,
que saben que matar es un pecado.
Supongo, que no importa,
que obedecen
a una sed insalvable y decadente,
bruno afán peligroso de altas cumbres,
del dictado de ángeles caídos.
Supongo,
¿cómo he de decirlo sin iracundia?
…que su hastío les demanda
emergencia de fama y de conquista,
un éxito de henchidas billeteras
que los prevenga del frío del invierno.
A esos jueces penales los declaro culpables.
Culpables de omisión y abatimiento.
Culpables de callar lo que aún ignoran.
Culpables de saber lo que han prohibido.
Culpables de sembrar adivinanza
en la cruda certeza de los ritos.
Culpables de los duelos, de las bombas,
Culpables del resumen
de misterios ateos, indigentes,
bajo llave.
Culpables por la rabia a toda vela
que embiste
en la hecatombe de sábados calientes
(de furia matan las perras).
Culpables de la Muerte que fue Vida.
Culpables
de arrollar con sus potros caballares
y sus cábalas de tonto jeroglífico
la mansa incertidumbre de los santos.
Un poema sin Dios ¿A qué no arrastras a los mortales corazones, impía sed del oro?
Virgilio.
Israel, violenta y anárquica en la fe
es un poema sin Dios.
Gaza (agazapada) en su venganza de intifadas
es un poema sin Dios.
Uganda, bajo holocaustos de guerrilla indiferente
es un poema sin Dios.
La muerte estalla en las comisuras
de un terror impiadoso, incandescente:
Los infiernos tiranos que van a dar a la mar.
La tierra prometida sin promesas.
¿Dónde nos será dado encontrar la paz
si cada día se apaga,
en una suerte de música de orquesta interrumpida,
el sonido de millares de plegarias,
templadas al calor de vanas oraciones de poetas
que han cruzado información silenciosa
con hormigas y búhos en secreto?
Mis colegas
reemplazarán con falso pudor
la voz del escenario;
tal sacrílegos heraldos nihilistas
ornarán sus liras acaudaladas
con encargos de génesis de castas.
Herejes por opción de conveniencia
del rey de monarquías nauseabundas
cantarán su dolor como juglares
amancebados a la rancia nobleza de una estirpe;
abrumando con ayes de apariencias mentidas
la sanguina del mundo
irán timando
la inocente mirada del no nato
campeón de mediaciones macedónicas.
Supongo, en forma retroactiva,
sin permiso en el disenso,
que saben que matar es un pecado.
Supongo, que no importa,
que obedecen
a una sed insalvable y decadente,
bruno afán peligroso de altas cumbres,
del dictado de ángeles caídos.
Supongo,
¿cómo he de decirlo sin iracundia?
…que su hastío les demanda
emergencia de fama y de conquista,
un éxito de henchidas billeteras
que los prevenga del frío del invierno.
A esos jueces penales los declaro culpables.
Culpables de omisión y abatimiento.
Culpables de callar lo que aún ignoran.
Culpables de saber lo que han prohibido.
Culpables de sembrar adivinanza
en la cruda certeza de los ritos.
Culpables de los duelos, de las bombas,
Culpables del resumen
de misterios ateos, indigentes,
bajo llave.
Culpables por la rabia a toda vela
que embiste
en la hecatombe de sábados calientes
(de furia matan las perras).
Culpables de la Muerte que fue Vida.
Culpables
de arrollar con sus potros caballares
y sus cábalas de tonto jeroglífico
la mansa incertidumbre de los santos.
viernes, 28 de agosto de 2009
La persistencia de la memoria
LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA.
La persistencia de la memoria.
Obra de Salvador Dalí.
Un toro masturba su inconsciente solitario.
La langosta vestida de Gala
besa su reloj chorreante de 7 menos cinco.
Dos ausentes presentes.
Duro y blando.
Las cucarachas de Port Lligat
lejos del mar de mujer de roca madura
veneran a los dioses de la lenta satisfacción.
Serán las únicas que los sobrevivan
cuando todo termine en calas,
después de la persistencia de la memoria.
La persistencia de la memoria.
Obra de Salvador Dalí.
Un toro masturba su inconsciente solitario.
La langosta vestida de Gala
besa su reloj chorreante de 7 menos cinco.
Dos ausentes presentes.
Duro y blando.
Las cucarachas de Port Lligat
lejos del mar de mujer de roca madura
veneran a los dioses de la lenta satisfacción.
Serán las únicas que los sobrevivan
cuando todo termine en calas,
después de la persistencia de la memoria.
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